Un nuevo escenario de la Sanidad Animal
Las interacciones entre salud humana y animal no son una novedad. Pero el alcance, la magnitud y las repercusiones mundiales de las zoonosis que enfrentamos actualmente no tienen precedentes históricos. El comienzo de una nueva era de enfermedades emergentes y reemergentes y la importancia de sus consecuencias potenciales en la salud pública, han modificado profundamente nuestras miras y actividades. Indudablemente, las repercusiones sin precedentes de la mundialización, la industrialización, la reestructuración del sector agrícola y el consumismo, cambiarán ciertamente los fundamentos y la aplicación de las políticas de sanidad animal y la manera en que debemos considerar y preparar el futuro. Este preámbulo, editado hace casi una década, tiene hoy tanta o más actualidad. La reciente emergencia de la pandemia de Influenza A H1N1, no ha hecho más que reconfirmar el nuevo escenario en que las interacciones entre la Salud Pública y la Medicina Veterinaria se conjugan en término de “Una Salud”.
La rapidez en la detección de las enfermedades emergentes y re-emergentes y la consiguiente reacción es decisiva. El lapso transcurrido, entre la aparición de una nueva enfermedad y el momento en que se la detecta es determinante. Por lo tanto, la detección veloz de ese nuevo acontecimiento epidemiológico, constituye un elemento clave para todas las políticas que habrán de formularse. A menudo sucede que la enfermedad se propaga durante largo tiempo antes de que sea detectada y notificada. Debido a la mundialización y los consiguientes incrementos de la velocidad y volumen del transporte internacional, así como del número de viajeros, los agentes patógenos emergentes también transitan y se propagan por todo el mundo. La detección de las enfermedades emergentes es lenta en muchos países en desarrollo y en algunos países desarrollados donde, posiblemente, las infraestructuras veterinarias, servicios de expertos, laboratorios de diagnóstico y capacidad de vigilancia global, en particular para las nuevas infecciones, son insuficientes. La preparación de un país para enfrentar una enfermedad emergente y su capacidad de respuesta dependen, en gran medida, de la existencia de esos servicios; por ello, es fácil comprender que los métodos de lucha contra las infecciones emergentes de algunos países en desarrollo sean menos eficaces.
La mayoría de las enfermedades emergentes aparecidas en los últimos tiempos son de origen animal y casi todas ellas son potencialmente zoonóticas. Por lo tanto, es preciso que las autoridades de la sanidad animal y de la salud pública las enfrenten de manera coordinada. A ese respecto, los países miembros de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), se han manifestado claramente en favor del fortalecimiento del papel que desempeña la organización ante las dificultades que plantean esas zoonosis y el Director General de la OIE, se ha manifestado al respecto en una reciente editorial.
En realidad, las enfermedades emergentes y re-emergentes zoonóticas, se convertirán, progresivamente, en el motivo más importante que deberán enfrentar los Servicios Veterinarios y, por lo tanto, tendrán consecuencias en las alianzas profesionales, recursos y programas futuros. Por ello, las tres organizaciones internacionales más implicadas en estos problemas –la OIE, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS)– condiciendo acciones de cooperación muy eficaces reaccionaron rápidamente frente a la reciente emergencia de la Influenza A H1N1 y facilitaron la implementación de medidas de control y prevención eficaces a nivel internacional.
Debemos tener presente que la lucha contra las zoonosis comienza por la eliminación del agente patógeno en su fuente animal de infección. Este hecho confiere un papel destacado, tanto en el plano nacional como en el internacional, a los servicios veterinarios, los veterinarios, los criadores y los responsables de la fauna salvaje.
Las Encefalopatías Espongiformes, son conocidas desde hace varios siglos, en particular el “scrapie” de los ovinos y la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y otras que afectan a los humanos, sin embargo, es la emergencia de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) o "enfermedad de la vaca loca" en el Reino Unido, en el año 1986, la que determina un cambio en la percepción de los consumidores con respecto a los riesgos para la Salud Pública de estas “zoonosis emergentes”. La EEB, es una enfermedad de los bovinos, producida por priones y tiene como causa más probable a la alimentación de bovinos con subproductos de la industria ovina infectados con el agente del "scrapie”. La epidemia iniciada en el Reino Unido, se extendió años después a varios países de Europa y Asia, a través de las exportaciones de harinas de carne y hueso (HCH) contaminadas o de animales infectados. La infección, se ha extendido en años posteriores a América. La identificación de los puntos de riesgo (HCCP), el análisis de riesgo y el manejo del riesgo son herramientas fundamentales en la calificación y cuantificación del riesgo de la EEB. El Código Sanitario para los Animales Terrestres, de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), indica claramente que para establecer el estado sanitario de un país con respecto a la EEB, es necesario realizar un detallado análisis de riesgo y cumplimentar además una serie de requisitos de carácter sanitario.
Las acciones de prevención del ingreso de la EEB, tomadas por los países de la región, desde 1989, limitando el ingreso de animales y otros productos de riesgo desde países con EEB, los sistemas de producción bovina típicamente extensivos con alimentación en su mayoría en pastizales naturales, las medidas de vigilancia y monitoreo de los factores de riesgo asociados a EEB, dan garantías sanitarias de la calidad de la producción ganadera con respecto a EEB. A la fecha se ha registrado un número limitado de casos de EEB, solamente en las Islas Malvinas (UK), Canadá y Estados Unidos de América (USA). Mientras que Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, han sido reconocidos por la OIE, como países de riesgo insignificante con respecto a EEB.
Sin embargo, el desconocimiento sobre el origen y naturaleza del agente, sus peculiares características físico-químicas (resistencia, estructura) y biológicas (barrera de la especie, transmisibilidad, largo período de incubación, ausencia de métodos de diagnóstico in vivo), plantean tremendos interrogantes científicos, cuyo curso habrá que seguir muy de cerca con el objeto de fortalecer, modificar, o adoptar medidas preventivas adecuadas, para poder conservar el estatus sanitario adquirido en la mayoría de los países de la región. Mientras tanto, los sólidos vínculos establecidos dentro del marco de la Salud Pública Veterinaria o su moderna versión de “Una Salud”, deben mantenerse a rajatabla como forma de asegurar la calidad sanitaria de nuestra producción.
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